Blog · 8 de octubre de 2013

¿merece la pena invertir en marca personal?

Tecnología Cívica

De vez en cuando me gusta hacer una revisión de mi reputación o identidad digital: una buena excusa para analizar los proyectos en marcha y encontrar un sentido y una posible coordinación entre todo ellos.

En este año han ocurrido muchas cosas que afectan directamente a mi reorganización profesional. Para empezar en febrero he generado lo que he llamado Urbano Humano Agency, una manera de reforzar mis proyectos profesionales entorno a un único contenedor que si bien se puede asociar directamente a mi, establece un mínimo de diferencia con mi identidad personal o no profesional, es decir yo: Domenico Di Siena alias Urbano Humano, que es como me encontráis en las principales redes sociales.

Frente a una mercantilización feroz de nuestras identidades marca estoy intentando encontrar la manera de seguir diferenciando, hasta donde sea posible, lo profesional de lo personal. Es una cuestión de salud, de tranquilidad. Es esencial para no caer en una situación desgastante que me obligue a una constantemente “actitud comercial” para vender la marca persona.

Quiero evitar absolutamente ese mecanismo, que además es todavía más perverso en la situación de precarización en la que nos encontramos: no es lo mismo desarrollar una marca personal desde una posición de confort o llamémosla de tranquilidad que desde un contexto de precariedad. Cuando cada encargo, trabajo o proyecto no conseguido puede querer decir perder la oportunidad de ser un poco menos precario, acabamos en un bucle destructivo que nos empuja a auto-posicionarnos en los escalones más bajos y más débiles de cualquier proceso profesional, mezclando sin ningún tipo de lucidez lo político, lo social, lo personal con lo profesional.

Las marcas personales (y no) que no se encuentran precarizadas, por las razones que sean ofrecen una especie de espejismo, tal como para muchas personas ha sido el American Dream. Como a decir, todo podemos conseguirlo, porque hay algunos que lo han conseguido.

Persiguiendo ese “sueño” que además se asocia a la posibilidad de formar parte de un procesos de transformación real de la sociedad, nos encontramos en una extraña realidad que nos induce a seguir a pleno ritmo, sin poder parar a pensar y sin tampoco tener ningún tipo de seguridad para el futuro. Producir para seguir existiendo. Producir para reafirmar y recordar a la comunidad que nos sigue que seguimos existiendo. Igual que un trabajador en paro o incluso los jubilados les puede dar pánico dejar de producir por miedo a que su propia vida pierda sentido, a las personas marca nos puede dar miedo dejar de “aparecer” para no perder toda la “relevancia” conseguida con horas y horas de trabajo que además en muchos casos ni siquiera ha sido remuneradas.

eh no! no podemos caer en esa trampa! no ahora que estamos experimentando nuevos modelos de sociedad basado en Inteligencia Colectiva.

Tenemos derecho a parar. Tenemos derecho a dejar de producir. Tenemos derecho de disfrutar de las personas más allá de los mecanismos de marca.

Quizás sea posible evitar que conocer personas y proyectos interesantes tenga que estar siempre relacionado con el trabajo (o business).

Si mi identidad personal tiene que ser algo, que sea una obra de arte pero por favor que no sea simplemente una marca más.

Creo que estamos pasando por el absurdo culto por el dinero o en general por el deseo de poseer cosas, muchas y caras, a un absurdo culto por crear nuestra propia marca. En este proceso juegan un papel importante las redes sociales, porque de repente nos han ofrecido a todos un “departamento de marketing” barato y al alcance de todos.

Antes de seguir, tengo que reafirmar que esta no es una de esas crítica, reaccionaria o contra-reaccionaria a la tecnología y a lo digital. Si sois lectores habituales del blog sabéis que suelo tener en seria consideración por todas las ventajas que nos aportan; sin embargo siempre me parece más que útil analizar todas las facetas.

Analizando mis cuentas en redes sociales me he dado cuenta de una cosa muy obvia (a veces las cosas más obvias son las más difíciles de ver). Para empezar, es obvio que gestiono demasiadas cuentas: he generado muchos proyectos que tienen su propia identidad y marca. ¿Como es posible? ¿Como puede alguien siquiera pensar de poder llevar todo esto? Sin el espacio digital, sin internet, sin las redes sociales creo que en ningún momento se me hubiera ocurrido pensar ser capaz de llevar todo esto.

Generar marcas nos parece lo más normal y lo más necesario. Si siempre nos ha parecido lo más normal del mundo acumular dinero como garantía para el futuro, ahora nos dedicamos a crear marcas, poscionarnos entendiendolo siempre como una inversión para el futuro.

Una vez más antes de seguir quiero añadir una aclaración: suelo ser muy crítico con los modelos tradicionales en los que se suelen gestionar las identidades colectivas y por ello a menudo promuevo modelos más respetuosos con las identidades individuales aunque estén incluidas en una identidad colectiva, una comunidad o una red. Sin embargo debo reconocer que dentro de una identidad colectiva por lo menos cada individuo sujeto a la tiranía del capitalismo cognítivo, puede contar con cierto espacio de intimidad, alejado de muchos cortocircuitos entre lo profesional y  lo personal.

Individualmente somos claramente más débiles, solemos cometer todos los mismos errores y actuamos en función de una cultura profesional que ya se ha quedado desactualizada y así solo reconocemos pequeñas variaciones como la marca personal, sostituyendo empresa por persona, sin embargo nos queda todavía mucho camino para construir modelos que nos permitan tener una identidad profesional fuerte y sostenible en el tiempo sin caer en las trampas más marketinianas.

Es decir que una empresa, una asociación y una comunidad puede generar marca contando con el trabajo de diferentes personas y cuando lo hacen bien no tiene porque estar asociado a una o unas pocas personas. Es decir que ofrece dos beneficios, repartir carga de trabajo y un mayor espectro de libertad en lo cotidiano, para que no se asocie cada gesto de una persona como un acto “comercial” o interesado.

Estoy seguro que muchos de vosotros se encuentran reflexionando sobre estos mismos temas y me encantaría conocer vuestros pensamientos y reacciones.

PD – Quiero subrayar que el contexto que mejor ha favorecido y ampliado mi visión sobre estos temas ha sido #meetcommons. En los dos encuentros y en todas los intercambios y charlas que he tenido con las personas que de una forma u otra participan de esta “comunidad” me he encontrado en un espacio de confianza y confort donde se genera un sana dialéctica y donde poder experimentar nuevas formas de relación personal/profesional que van más allá de la marca personal.

fuente imagen: http://www.il3.ub.edu/

Comentarios

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