El debate alrededor de la Smart City me parece una buena oportunidad para reflexionar sobre la posibilidad de pasar del modelo que se ha llamado de las ciudades creativas a un modelo que podríamos llamar de las ciudades del conocimiento. En otras palabras, pasar de modelos basados en la creación de productos y servicios eficientes que nos obligan a un movimiento constante (y al consumo), a modelos basados en la gestión de la información y producción del conocimiento (auto-organización); un modelo menos dependiente del movimiento y que sea capaz de generar sinergias y serendipias entre personas, proyectos y servicios, para que cada esquina de la ciudad vuelva a ser un espacio de oportunidad.
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