Diseño Cívico
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Diseño Cívico

Desde hace años acompaño mi actividad profesional con una continua reflexión sobre mi propio modelo de trabajo, y confieso que resulta difícil tener siempre muy claro su enfoque y su proyección hacia el futuro. Afortunadamente me acompañan algunos principios éticos muy claros. Mi actividad como consultor, por ejemplo está siempre asociada a un transferimiento de conocimiento que entre otras cosas sirve para evitar generar dependencia para mis clientes. Es decir que cuando acabo mi trabajo el cliente se encuentra siempre en la posibilidad de prescindir de mí y reemplazarme con otra persona, o incluso ser capaz de aprovechar el conocimiento que hemos compartido para que pueda seguir sin la necesidad de un apoyo externo.

En ese proceso de reflexión sobre mi actividad profesional, su dimensión ética y su capacidad para trascender las obligaciones del dia a dia, me he encontrado en la extraña, pero extremadamente apasionante necesidad de trabajar sobre un nuevo concepto que creo nos puede ayudar a definir una nueva disciplina, una nueva figura profesional y un enfoque para nuestro deseo de innovación y cambio. Me refiero a los conceptos de Innovación Cívica y Diseño Cívico.

El punto de partida es el concepto de Cívico.

La RAE lo define como un adjetivo que indica lo “perteneciente a la ciudad o a los ciudadanos”. El diccionario italiano añade un matiz importante: “de los ciudadanos, porque pertenecen a un Estado”. El diccionario inglés de Cambridge añade que se trata de algo “municipal”.

Si condensamos los tres matices en una sola definición podríamos utilizar el concepto de Cívico para referirnos a la ciudad o lo urbano, teniendo en consideración lo municipal o el estado, es decir a la dimensión política del territorio y de las personas que lo habitan.

El otro concepto que quiero traer a colación es el de Innovación.

Es indudable que estamos viviendo un momento histórico que podemos considerar complejo e ilusionante al mismo tiempo, un momento de transición con la palabra “cambio” que resuena en continuación desde todas partes. La palabra cambio que también es sinonimo de oportunidad y de mejora y por ende cercana al concepto de Innovación.

La mayoría de mis trabajos y proyectos estan asociados a procesos de Innovación, especialmente en ámbito relacionados con lo colaborativo, lo urbano y por supuesto lo social; un contexto que habitualmente se define de Innovación Social. Un ejemplo es el proyecto “Macro. Meso. Micro. Modelo Sistémico del Territorio desde la Innovación Social”, realizado junto con Igor Calzada (@icalzada) y Adolfo Chautón (@adolfochauton). Sin embargo no puedo negar que no me siento del todo cómodo con este concepto. Quizás porque en algunos casos la promoción de la Innovación Social esconde la voluntad política de debilitar el sistema de bienestar social, apelando a una mayor “autonomía” y proactividad de la ciudadanía, para evitar lo que algunos consideran un estado asistencialista.

Desafortunadamente el concepto de Innovación Social se ha vuelto un comodín para cualquier política territorial, con el peligro de acabar siendo una estéril apuesta por el “emprendedurismo social” sin haber generado la necesaria relación con la realidad y el capital humano, social y económico del territorio.

Quiero aclarar que la crítica no se refiere solo al escenario español, mediterráneo e iberoamericano, sino también al mundo anglosajón. En el último año y medio he vivido en el Reino Unido y me ha sorprendido comprobar la incapacidad de esta sociedad de asociar su eficacia y su capacidad de organización con mecanismos que tengan realmente una capacidad de innovación social. He visto situaciones supuestamente innovadoras, con cierto tinte clasista y una marcada jerarquía profesional, donde todo acaba siendo demasiado “controlado” y con pocas serendipias y sorpresas. Es como si la Innovación solo pueda ocurrir entre ciertos límites: dentro una caja que ha sido pre-confeccionada por las instituciones históricas que dan credibilidad y estabilidad al Estado, y al Status Quo. Pero esta es otra historia. Una historia de clasismos e inmovilismos. Quizás, es cierto que si hoy el mundo tiene alguna posibilidad de mejorar, la pelota del cambio está en la cancha “sur”.

Pero volvamos a la cuestión.

El elemento que falta para que pueda hablar con más comodidad de Innovación Social es claramente el factor político, en el sentido de sistema político, es decir el conjunto de mecanismos que las sociedades han desarrollado para organizar la vida en común en un territorio.

Básicamente no podemos hablar de Innovación de la sociedad sin relacionarnos e intervenir en la dimensión política que caracteriza cualquier territorio habitado, porque sino estamos simplemente cambiando el orden de los objetos sin ser capaces de transformar su “contenedor”.

Es aquí que llegamos a la idea de Innovación Cívica, que no es ni innovación política ni innovación social. No es política porque no se trata de cambiar la forma de hacer política sino de trabajar con ella para poder incluso llegar a plantear cambios de los espacios y mecanismos de la vida en común; y no es social, porque no se trata simplemente de trabajar con las personas sino con los territorios y sus ecosistemas económicos, sociales y políticos.

La introducción de este concepto nos reposiciona a todos en nuestras condición de ciudadanos, relacionados con un territorio y su gobernanza. Tràs años de mecanismos que nos han desligados de nuestra dimensión física y local, es urgente recuperar nuestro protagonismo situado. El punto de partida no puede ser otro que el territorio del que cada uno somos parte; sin olvidar por supuesto su conexión y relación con el mundo, es decir su propia Dimensión Glocal.

Lo que quiero subrayar aquí es que no es suficiente hablar de colaboración o de procesos participativos, sino que es absolutamente necesario “estar”. Un proceso de Innovación Cívica es claramente un proceso participativo, pero es sobretodo un proceso situado y un agente más del territorio. Es decir que no se trata simplemente de intervenir sobre el Territorio y sus infraestructuras, sino que hablamos de generar un proceso que se entiende como un agente más del territorio, aunque su objetivo en realidad sea transformarlo. Está actitud debería ser reflexiva, es decir que el proceso (agente) de Innovación Cívica no debería considerar a los demás agentes como representantes de un territorio, sino siempre y solo como partes del mismo, incluso las administraciones públicas.

Para entendernos mejor podemos analizar un ejemplo.

Hablemos de otro concepto que está muy de moda: el Civic Tech, es decir el desarrollo de tecnologías denominadas cívicas, por ejemplo relacionadas con la transparencia, los datos abiertos y el gobierno electrónico. Son temas sumamentes interesantes y con una enorme capacidad de transformar y mejorar la sociedad, sin embargo a menudo suelen quedarse en un hecho tecnologico, o peor, anecdótico porque justamente no se desarrollan como agentes de un territorio sino como simples herramientas al servicio de un territorio. Se considera que por su simple aparición las cosas deban cambiar. Seguramente ayuda, pero el concepto de Innovación debería ir más allá. Tenemos el mismo problema con el uso general de la tecnología. A menudo escuchamos discursos que parecen sugerir que por sí misma la tecnología genera innovación. Yo creo que es cuando la sociedad se apodera de ella que es realmente capaz de generar innovación. Por esta misma razón deberíamos tener todos muy claro que es una aberración la existencia de licencias o mecanismos tecnico-legales que están desarrollados para limitar el uso de una tecnología según lo que su productor decida.

Aquí entraría también la crítica a cierta visión de la Ciudad Inteligente (Smart City) basada esencialmente en la adopción masiva de nuevas tecnologías, sin permitir a sus ciudadanos ser protagonistas de procesos que podríamos entonces llamar de Innovación Cívica.

En definitiva nos damos cuenta que el diseño y el desarrollo de tecnologías cívicas debería ocurrir en el propio territorio implicando a sus habitantes. No se trata entonces de crear un software o una tecnología y replicarla en diferentes territorios, sino de desarrollarla entendiéndose como un agente vivo de cada territorio.

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Hablemos entonces del concepto de Diseño Cívico (Civic Design) basado en la hibridación de diferentes disciplinas.

Recuperando todo lo que hemos dicho sobre Innovación Cívica, podríamos decir que el Civic Design se centra en proyectos cívicos es decir proyectos relacionados con la ciudadanía entendida como colectividad política.

Podemos entender el Civic Design como la fusión de disciplinas como el Service Design, Planeamiento y Diseño Urbano, Arquitectura, Diseño Industrial y Gráfico, Policy Making, Diseño Social, Placemaking, Desarrollo Web, Relational Design, Ciencias Políticas, Periodismo, Ciencia de Datos, Interaction Design, Sociología, Antropología, User Experience, Economía Urbana, Pedagogía Urbana, Geografía y muchas más…

El Diseño Cívico se aplica para conseguir soluciones colectivas pensadas para el bien de una comunidad.

Los resultados pueden ser Servicios, Espacios, Relaciones, Sistemas, Herramientas, Dispositivos, Métodos, Procesos, Estrategias, Políticas, Contenidos Audiovisuales y Aplicaciones Móviles.

Su ámbito de trabajo tiene constantemente en cuenta la dimensión híbrida del territorio, es decir su componente material y su esfera digital, además de su dimensión glocal, es decir su relación con el entorno más próximo sin olvidar su conexión/dependencia con el ámbito global. La definición de un producto final es solo uno de los posibles caminos. El Civic Design, propone llegar a las soluciones esperadas a través de procesos o métodos, posibilitando relaciones y estrategias basadas en la colaboración de muchas personas situadas en sus territorios específicos.

Hablamos entonces de una idea de Diseño con la ambición de generar Innovación Cívica. Un Diseño que piensa en las dinámicas que nos permiten generar un proceso que, como decíamos, es en realidad un agente mismo de un territorio. Se acaba la idea de aplicar recetas y buscar la participación. Aquí pasamos directamente a generar un proceso/agente que vive y se desarrolla en un territorio, dialogando e implicando los demás agentes y protagonistas.

Si me he explicado lo suficientemente bien, se entenderá que aquí estamos hablando de una nueva y apasionante visión profesional que en realidad no encaja en las dimensiones y los ecosistemas clásicos. Hay un primer problema, que está en la capacidad y la posibilidad de ser parte de un territorio para poder alcanzar esa innovación cívica. Cómo podemos los profesionales entendernos parte de un territorio? El modelo profesional actual se basa cada vez más en nuestra movilidad y capacidad de ofrecer servicios a diferentes territorios. Es más, nuestra experiencia, es cuanto más valorada cuanto más internacionales hayan sido nuestros trabajos.

Otro problema es: ¿cuál es la fórmula ética que nos permita ser parte de un territorio de forma profesional?

Con voluntad de contestar a estas y otras preguntas nace un primer proyecto plataforma que nos adelanta un escenario, que en el futuro podría acabar siendo más habitual. Se trata de la creación de un nuevo espacio y ámbito de trabajo que no se parece ni la empresa, ni un estudio, ni tampoco una ONG o un colectivo. El proyecto se llama CivicWise y os he hablado de él ya en este otro post.

Como os comento en el vídeo que acompaña este texto, creo que nos encontramos frente a una interesante oportunidad que es la de poder definir una ámbito profesional entre muchas personas. Si gusta y os apasiona este tema os invito a escribir vuestras propias reflexiones o hacer un pequeño vídeo. Si lo hacéis hacedme llegar el link para que lo pueda leer o ver y entonces difundir. 

Mi interés y trabajo sobre este concepto me verá en los próximos meses implicados en varios proyectos con los que espero poder profundizar aún más y siempre con un enfoque colaborativo.

summerschool

La primera ocasión para abordar el tema será la ADVANCED ARCHITECTURE SUMMER SCHOOL que tendrá lugar este verano en Paris en VOLUMES, el espacio en el que estoy desarrollando una residencia profesional muy especial. La Summer School tendrá una duración de 3 semanas, una ocasión única para vivir una experiencia intensa, apasionante e híbrida. Pasando de la teoría a la práctica, con la posibilidad de construir un artefacto durante la última semana en el POC21.
Mi participación consiste justamente en introducir una visión más amplia e innovadora del urbanismo participativo para los que ya están innovando en la arquitectura. Una ocasión para seguir avanzando en la definición del concepto de Civic Design.

…. y pronto más novedades….. 

Por ultimo os comento que sobre el tema he activado una cuenta twitter @DisenoCivico y un curated magazine.

Creditos.

Este texto recoje otro texto que he publicado en el Blog de La Ciudad Viva
Las imagenes recogen proyectos de Basurama, Collectif ETC, Hackton Cívico e intervenciones ciudadanas. 

1 Comment

1 Comment

  1. doapar

    Julio 9, 2015 at 9:23 pm

    En relacíon a tu artículo del Civic Design te comento ciertos aspectos que me ha hecho plantearme.

    En mi limitada experiencia en el campo del urbanismo y la participación ciudadana, he podido reflexionar sobre ciertos aspectos y limitaciones de la profesion, o de como se enseña en las escuelas o de como se practica en las oficinas. En 2008 escuché al responsable de urbanismo de Valencia en una conferencia definir al urbanista como « el encargado de dotar a unas intenciones politicas de un marco jurídico ». Me pareció la definición del trabajo más triste que podía imaginar. Poco después, organizamos desde Arquitectura se Mueve un workshop en colaboración con Santiago Cirujeda, Laboratorio Urbano y Taller de Barris acerca de una problemática urbana en el barrio de Velluters en Valencia. Me dejó impresionado ver como Cirujeda no dibujaba ni una linea en todo el workshop y en su conferencia e intervenciones todo lo que presentaba eran acciones, ideas, movimientos y dinámicas que transformaban la realidad de una manera más directa, básicamente inspiraba a los demás a lanzarse al cambio.

    Poco después hicimos otro Workshop en el Cabanyal (tambien Valencia) con Basurama, con una idea ya encaminada a la acción en el barrio. Sin embargo, esta vez fuimos nosotros los que aterrizamos allí y no fuimos llamados a colaborar como en el barrio anterior. Esta falta de vinculación con los vecinos fué determinante para que dos meses después de cada workshop, en uno se habían generado sinergias desde los distintos agentes (ayuntamiento, vecinos, entidades privadas vecinas…) y el otro no dejó mayor rastro en la vida y desarrollo del barrio que la experiencia de la acción que realizamos. Dicho de otra manera, en uno conseguimos incorporarnos a las dinámicas existentes y en el otro no.

    Tras estas experiencias personales, quiero mostrarte mi completa coincidencia en que un concepto nuevo es necesario. Hasta ahora, la especialización que la economía nos impone nos empujaba a sumar sociólogos, expertos en participación, urbanistas, paisajistas y toda una ristra de especialistas para poder responder a las multiples problemáticas existentes. La figura de un dinamizador capaz de conjugar procesos sociales, urbano/territoriales, legales…etc e integrarlos en una estructura/dinámica que permita el desarrollo democrático y sostenible de una sociedad deviene en imprescindible a medida que pasa el tiempo y aparecen nuevos factores (tecnología, turismo, redes sociales…).

    Como propone Ascher en sus principios del nuevo urbanismo, queremos conseguir unos objetivos con libertad de metodos y estrategias. El papel del Civic Designer, creo, no debe ser proponer un recetario de estrategias o metodos sino facilitar o propiciar las dinámicas que llevan a esas estrategias. La vinculación y compromiso de los actores es esencial, por lo que deben reconocer como suyas cada una de las propuestas. Por ello, no veo dilema en el caracter de foraneo de este Civic Designer ya que no debe actuar como actor o director, sino dinamizador de las necesidades y propuestas existentes, como herramienta para el cambio deseado. Sigo de cerca el trabajo de Paisaje Transversal, ya que en mi opinión se acercan bastante a este concepto. Desconozco si vosotros desde Ecosistema Urbano también trabajabais en esta linea en la que estás inmerso.

    Ya terminando, hace algunos años que resido en Suiza y he podido observar como funciona el urbanismo aqui. Si bien la ciudadanía está suficientemente empoderada para reunirse, juntar firmas y apoyar o tirar cualquier proyecto, también he observado que su intervención varía entre « los vecinos lo hacemos todo y así se gasta menos dinero », como ha pasado en mi barrio, o « el arquitecto/diseñador hace, y yo vecino (suizo, he de resaltarlo) apruebo o desapruebo », y como mucho me quejo o peleo por cambiar algo, pero sin procesos parcitipativos que aúnen a vecinos, técnicos y demás. Seguro que existen procesos de todo tipo, pero esta es mi experiencia desde Basilea.

    Siento que quizá mi punto de vista es muy próximo al tuyo y por ello esta crítica no aporte demasiada controversia o amplíe tu mirada. No obstante, gracias por compartir abiertamente tus trabajos y mucho ánimo para seguir innovando !!

    Eduardo Aparicio

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